Una vida de silencio, oración y servicio
En las faldas de la cordillera de Los Andes, en la localidad de Liquiñe, la Ermita de San José surge como un espacio de encuentro con lo esencial. Aquí, en medio de bosques nativos y montañas, se cultiva una vida dedicada a la contemplación, el silencio y la oración.
Fundado con el anhelo de crear un lugar donde lo sagrado pueda ser vivido en plenitud, este eremitorio acoge a quienes buscan un refugio para el alma, lejos del ruido del mundo, cerca del misterio de Dios.
La vocación eremítica es antigua como la Iglesia misma: hombres y mujeres que, llamados por el Espíritu, se retiran al desierto para vivir en comunión íntima con el Creador. En San José de Liquiñe, esa tradición continúa.
Nuestra misión es triple: sostener una vida de oración constante por la Iglesia y el mundo, acoger a quienes necesitan un tiempo de retiro espiritual, y vivir de modo sencillo y sostenible, en armonía con la creación.
El silencio no es aquí ausencia, sino plenitud. Es el espacio donde Dios habla. La soledad no es aislamiento, sino comunión profunda con el prójimo y con toda la humanidad, sostenida en la intercesión.
Este lugar es pequeño, frágil, y depende enteramente de la Providencia y del apoyo de quienes comprenden su valor. Pero en su pequeñez late un corazón que ora sin cesar.